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El Cafelito

Papá...

Papá... Últimamente te noto cansado, te noto más arrugas en tu piel y más sabiduría en tus ojos, más de la que siempre han transmitido, con su color verde y a veces azulado.
Tu cara posee ahora más arrugas, cada una de ellas una preocupación o una alegría.

Pero sigues estando aqui, con brazos fuertes para seguir abrazándonos, con tu voz paciente y tus sabios consejos. Veo tu mano guiándome cada día y me sigue pareciendo la mano más segura a la que agarrarme, y aunque mi mano ya no es tan pequeña sigue necesitando la tuya desesperadamente.

Siempre estás ahí, y da igual lo cansado que estés o lo bien que te encuentres sentado en el sofa a la vuelta del trabajo porque tú te levantas y arropas a tus dos hijos pequeños cada noche y les sigues contando los cuentos de siempre, y esperas pacientemente a que se duerman, como has hecho durante toda tu vida, igual que hacías cada noche con tus otros seis hijos, ahora ya mayores, pero que no olvidan los cuentos de su padre.

Recuerdo esas escenas como las mas tiernas de mi infancia. El momento en que yo me acostaba y tú venías a taparme bien y me contabas una de tus historias fascinantes, que aún recuerdo con absoluta claridad. Ese era mi momento del día, mi gran momento junto a ti.

Siempre has sido el padre divertido, el que montaba en su coche a todos los niños cuando íbamos de excursión al campo. Todos querían ir contigo y tu siempre mandabas a mamá a otro coche. Hacías la cunita por la carretera, moviendo el volante de un lado a otro mientras todos reíamos a carcajadas. Cantabas la canción de Dominé. Nos comprabas naranjas y limones helados y organizabas aventuras mientras andabamos por el campo. Hacías juegos, nos mandabas a buscar escarabajos e insectos complicados de encontrar y todos corríamos para encontralo porque tu nos recompensabas con caramelos de nata.

Recuerdo que tú y yo hacíamos trampa, y me dabas todo lo que pedías a escondidas, para que yo ganara. Yo te sonreía con complicidad.

Todo lo que sé lo he aprendido de ti, todo lo que soy es gracias a ti, porque hace ya nueve años que tienes doble trabajo y eres madre y padre a la vez y nunca has fallado.

Siempre estás aquí y yo me sigo agarrando a tu mano, a cada paso...
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1 comentario

Marta -

Te leí el otro día, pero no tuve tiempo de comentar, mis disculpas.

Poco puedo decir, me quedé emocionada al leerte, y hoy otra vez. Muchas veces callamos palabras, que deberíamos decir, y aunque lo saben, siempre es reconfortante hacerselo saber. Con la lectura de tu post, no me queda duda de que tienes un padre maravilloso,
un beso.
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