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El Cafelito

Un nuevo comienzo

Se levantó temprano y se detuvo a abrir los ojos lentamente, despacio, saboreando cada segundo del día que le esperaba...se permitió estar unos segundos en la cama, con los ojos abiertos y el corazón latiéndole desesperado en el pecho...Había llegado el gran día. Su día.

Salió de la cama y aún no había salido el sol. Fue andando hasta el cuarto vecino. Su cuarto. Donde había vivido tantos y tantos momentos, su refugio, su rincón favorito, su paraíso propio y privilegiado. Se detuvo en el umbral varios minutos y miró soñolienta lo que había sido su pequeño mundo. Las paredes estaban vacías, ya no había cortinas, ni cuadros, ni fotos que recogieran recuerdos. Le decía adiós a toda una vida, para comenzar una historia diferente, llena de experiencias por descubrir. Se sentó en la cama y miró su traje de novia, perfectamente colgado del dosel de su preciosa cama, una cama que dejaría de ser suya ese mismo día. Para pasar a su niña perfecta. Miró detenidamente el velo, los zapatos, la cruz de su bisabuela que ella llevaría orgullosa. Miró la liga con un lacito azul, regalo de sus primas y que marcaría el comienzo de una nueva vida para todas ellas. Se detuvo a mirar cada volante y a admirar el traje de sus sueños. Allí estaba, el comienzo de una nueva vida. Una vida con el mejor hombre del mundo. Su hombre. Su amor. Su otra mitad. Sonrió nerviosa para sus adentros y se tumbó en un lado de la cama, con mucho cuidado para no arrugar nada. Y se permitió recordar, saborear lo que había sido su vida y lo que estaba a punto de suceder. Aquel era el día de su boda. Su 13 de septiembre. Su nuevo sendero en el camino.

Pensó en la de veces que había soñado con ese día. Recordó tantas y tantas noches tumbada en su cama, con la luz tenue de la lamparita iluminando las hojas de una libreta, donde ella escribía desesperada sus historias de amor, primero, historias de niña, más tarde las de una jovencita enloquecida y por fin, varias historias de adulta...Aún conserva todas las libretas que han marcado su vida, su historia.

Recordó cuántas veces había imaginado al hombre de su vida. Cómo sería, donde viviría, cuáles eran sus sueños. Hoy ese hombre le esperaría al pie del pasillo, y era mejor, mejor de lo que ella había imaginado. Respiró profundamente y miró a su alrededor, nerviosa y ligeramente preocupada porque todo saliera perfecto.

Esa mañana pasó como un suspiro y de repente se vio en el coche. Rodeada de volantes de sueños, sintiéndose bien, segura y bella como nunca. Su padre le abrió la puerta despacio y le ofreció su mano una vez más, la mano que era su salvación, la mano que le había guiado durante 27 años. Ahora se la sujetaba una vez más, seguro, orgulloso, mirándole fijamente y diciéndole que estaba preciosa. El corazón le latía con fuerza pero de repente ya no estaba nerviosa sino tranquila. Se detuvo unos segundos ante la puerta, mirando el pasillo, repleto de personas que significaban algo en sus vidas. Anduvo despacio, saborenado el momento, llenando sus pulmones con su alegría...y entonces lo vio. Allí estaba, con sus ojos color de avellana y su mirada profunda, sonriéndole, con los ojos ligeramente brillantes, tan guapo, tan apuesto, tan orgulloso. Allí estaba él. Su nuevo camino, su nuevo destino, su amor. Le dio su mano, sabiendo que comenzaban una nueva vida, donde superarían juntos todas las dificultades de la vida. Compartiendo alegrías y luchando contra la vida. Pero lo superarían. Nada podrá derrotarlos. Poruqe están juntos, de la mano. Para siempre. 

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