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El Cafelito

Un nuevo amanecer

La arena estaba aún caliente
y todo el cielo estaba cubierto de estrellas,
María sólo quería enredarse en el cuerpo de él,
para abrazarlo fuerte y pensar que él nunca se iría.

Lo besaba como si no fuera a hacerlo jamás,
lo miraba para retenerlo por siempre en su memoria,
sabiendo que aquel desconocido había pasado directamente a su corazón,
sin necesidad de la etapa de conocimiento.

Aquella noche ella empezó a creer en el amor a primera vista,
porque nada más verlo en aquel bar, sintió como si ya nada ni nadie
podría borrar aquellos ojos de su cabeza.

Hechizada, voló con él en su imaginación y recreó aquella noche en su cabeza
millones de veces, cerrando los ojos e imaginándolo,
intentando construir una imagen de él.

Pasaron casi tres años desde aquel amanecer,
desde aquella locura junto a él,
desde aquel sueño hecho realidad.

Y de repente...él volvió. María no podía creerlo pero alli estaba,
el niño que ella conoció se había convertido en un hombre maravilloso.

María lo miraba y lo miraba, incapaz de creer que fuera él
y que el reencuentro que ella tantas veces había imaginado se estuviera produciendo.

Volvieron a la arena, esta vez fría,
había nubes en el cielo y no se veían estrellas,
María volvió a abrazar a aquel hombre,
no sólo con el cuerpo, también con el alma.

Lo besó como jamás había besado a nadie,
lo abrazó con tanta fuerza que hasta le dolió y no podía dejar de mirarlo,
para cerciorarse de que no estaba imaginando, que él ya no era un sueño...

Otro amanecer juntos, el destino había vuelto a unirlos ´
pero esta vez de una manera más fuerte.

Si la verdadera felicidad existe,
ella ya la había sentido,
esa nueva noche, en ese nuevo amanecer,
otra vez y por fin,
de nuevo entre sus brazos.
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